Prefiero ser un 8 en todo antes que un 10 en una sola cosa.

Prefiero ser un 8 en todo antes que un 10 en una sola cosa.

David Huaricancha @davidjss04
David Huaricancha @davidjss04

Hace algún tiempo escuché una entrevista que sinceramente se quedó rondando en mi cabeza durante varios días.

Era una persona bastante conocida en el mundo mediático de mi país. Alguien exitoso desde muchos puntos de vista:

  • buen físico,
  • dinero,
  • reconocimiento,
  • disciplina,
  • presencia pública.

Pero hubo una frase que dijo después de hablar sobre una relación de muchos años que terminó, y que me hizo reflexionar muchísimo:

“Hoy prefiero ser un 8 en todo que un 10 en una sola cosa.”

Y sinceramente, mientras más pensaba en esa frase, más sentido empezaba a encontrarle.

La obsesión moderna por ser “el mejor”

Vivimos en una época donde pareciera que todos quieren convertirse en un “10”.

El mejor cuerpo.

La mejor empresa.

Más dinero.

Más productividad.

Más éxito.

Más resultados.

Y aunque aspirar a mejorar no tiene nada de malo, creo que muchas veces terminamos sacrificando demasiadas áreas importantes de nuestra vida por intentar sobresalir únicamente en una.

Porque la realidad es que la vida es mucho más compleja que una sola métrica.

Ser un 8 no significa mediocridad

Y aquí quiero aclarar algo importante.

Cuando hablo de “ser un 8”, no hablo de conformarse o vivir mediocremente.

Más bien hablo de equilibrio.

De construir una vida donde varias áreas importantes puedan coexistir de manera sana.

Porque sinceramente, llegar a ser un “10” absoluto en algo muchas veces exige sacrificar muchísimo:

  • tiempo,
  • salud,
  • relaciones,
  • tranquilidad,
  • estabilidad emocional,
  • o incluso tu propia identidad.

Y creo que eso es algo que pocas personas hablan realmente.

Balanza como simbolo de equilibrio y crecimiento personal

La vida no siempre premia los extremos

Hoy en día veo muchas personas obsesionadas con llevar una sola área de su vida al máximo nivel posible.

Y nuevamente: no tiene nada de malo perseguir excelencia.

Pero a veces los extremos también tienen consecuencias.

Por ejemplo, he conocido personas obsesionadas con el gimnasio al punto de poner en riesgo su salud utilizando sustancias anabólicas para alcanzar un físico extremo.

Y ojo: cada persona es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo.

Pero cuando lo analizas más profundamente, muchas veces por intentar convertirse en un “10” físico terminan descuidando:

  • salud mental,
  • estabilidad emocional,
  • relaciones,
  • familia,
  • o incluso su bienestar futuro.

Y creo que eso aplica para muchas áreas de la vida.

Hay personas que son un “10” en dinero pero un “2” emocionalmente.

O un “10” profesionalmente pero completamente vacíos en otras áreas importantes.

Disciplina fisica y equilibrio de vida

El problema de vivir una vida desequilibrada

Con el tiempo entendí algo importante:

El éxito en una sola dimensión no garantiza una vida plena.

Stephen R. Covey, en Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva, habla sobre la importancia de desarrollar distintas dimensiones humanas:

  • física,
  • mental,
  • emocional,
  • social,
  • espiritual.

Y sinceramente creo que ahí existe muchísimo sentido.

Porque una vida saludable no depende únicamente de una sola habilidad.

Depende del equilibrio entre varias partes de nosotros mismos.

La reflexión que me dejó Messi

Hace un tiempo vi una entrevista de Lionel Messi donde le preguntaban si se arrepentía de algo.

Y una de las cosas que mencionó fue algo bastante interesante:

Se arrepentía de no haber dedicado más tiempo a aprender otras cosas fuera del fútbol. Idiomas, negocios y otros conocimientos que pudo haber desarrollado mientras tenía la oportunidad.

Y eso me hizo pensar muchísimo.

Porque si incluso una persona considerada uno de los mejores futbolistas de la historia puede sentir que descuidó otras áreas importantes de su vida, entonces quizás ser un “10” absoluto en una sola cosa no siempre significa haber ganado completamente.

Mi propia forma de ver la vida hoy

Hoy en día intento construir una vida más equilibrada.

Voy al gimnasio.

Leo.

Trabajo.

Aprendo constantemente.

Paso tiempo con mi familia.

Intento cuidar mi salud mental.

Desarrollo mi carrera profesional.

¿Soy perfecto en todo eso?

Definitivamente no.

Pero sinceramente tampoco quiero convertirme en un “10” obsesivo en una sola área mientras destruyo las demás.

Y creo que ahí fue donde esa frase empezó a tener muchísimo sentido para mí:

Prefiero ser un 8 equilibrado que un 10 vacío.

La trampa de la perfección

El filósofo Byung-Chul Han habla mucho sobre cómo la sociedad moderna nos empuja constantemente al rendimiento extremo.

Siempre debemos:

  • producir más,
  • mejorar más,
  • destacar más,
  • optimizar más.

Y sinceramente creo que muchas personas terminan agotadas intentando alcanzar una perfección imposible.

Porque nunca es suficiente.

Siempre existe:

  • alguien más exitoso,
  • más fuerte,
  • más rico,
  • más inteligente,
  • o más productivo.

Y mientras más persigues esa perfección absoluta, más fácil es perderte a ti mismo en el proceso.

Camino dividido como simbolo de elegir entre extremos y equilibrio

El equilibrio también es una forma de éxito

Creo que durante mucho tiempo subestimamos el valor de una vida equilibrada.

Porque socialmente admiramos muchísimo los extremos.

Pero sinceramente, hoy valoro más:

  • tener paz mental,
  • estabilidad,
  • relaciones sanas,
  • tiempo,
  • salud,
  • crecimiento constante,
  • y propósito.

Aunque eso signifique no ser “el mejor” en una sola cosa.

Reflexión final

Con el tiempo entendí que la vida no necesariamente se trata de convertirte en un “10” absoluto en un solo aspecto.

Porque muchas veces, para lograrlo, terminas sacrificando partes importantes de ti mismo.

Hoy sinceramente prefiero construir una vida más completa.

Más equilibrada.

Más sostenible.

No perfecta.

Pero sí suficientemente buena en las cosas que realmente importan.

Y quizás ahí existe una forma de éxito mucho más sana que la obsesión moderna por sobresalir a cualquier costo.

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